Hoy vengo a relatar una fábula de la cual hoy por fin conozco su final. Es una historia contada solo para aquellos capaces de entender sentimientos tan complejos como la persona que los posee, sentimientos tan duros como la realidad de su contexto. Un contexto surrealista tan propio de Dalí…
Cuenta la leyenda que hace muchos años, en una conocida ciudad céntrica, nació una niña de rizos tan negros como el futuro que le deparaba. No recuerdo su nombre, mas la llamaremos Gioconda por su parecido a la mona de Da Vinci: media sonrisa, una media mirada, medio dolor, media tristeza, medio mal… Siempre medio ella.
Nadie podía suponer el trágico acontecimiento que sucedería, pues todos veían el lado que convenía. ¿Qué gran mal podía acontecerle a una niña de apariencia tan feliz para desaparecer de tal manera? Buscaron y buscaron, mas nunca se supo nada de aquella que nunca fue.
Cuentan los que decían conocerla, que decidió escapar por ser incomprendida. Un final alternativo relata que la pobre niña murió de una enfermedad, pues siempre permanecía en cama noche y día. Sin embargo, como afirmé anteriormente, soy conocedora del verdadero desenlace pues la pequeña Gioconda finalmente apareció.
“El ambiente era relajado aunque la tranquilidad mermaba en mi pecho. La tensión de no saber el por qué de mi tristeza me consumía lentamente.” - Me confesó - “Seguía el guión de un personaje protagonista no escrito para mí, las escenas de felicidad y comedida satisfacción aumentaban en mí la agonía, la culpabilidad y la desolación. Cada acto lo asumía con aparente entereza mientras sufría en silencio de una muerte lenta. Humillada, de rodillas, abandoné la obra de mi vida y simplemente me dejé llevar por esa profunda desesperación que invadía mi ser. Día a día iba perdiendo las ganas de vivir y con lágrimas contenidas me di cuenta que era un mal que merecía pues no había hecho nada para evitarlo. Me creía capaz de aguantar mi dolor y el de mi familia cuando yo no era más que una simple niña. Mis pensamientos acabaron por devorarme por dentro y sumergirme en lo que algunos literatos bautizan como el limbo.”
“En ese lugar alejado de la mano de Dios permanecí hasta asumir mi desgracia. Fui incapaz de pedir ayuda, aunque era lo que más anhelaba. Deseaba salir de ese lugar frío, apático y oscuro que había hecho tan propio… Pero había algo en mi interior que aún no estaba bañado por ese sentimiento de desesperanza. Y eran mis ganas de vivir, mis ganas de luchar y salir adelante. Esa pequeña luz blanca que siempre había creído transparente pues era opacada por mi lado autodestructivo.”
“Así como dejé que mi parte depresiva me consumiese, debía incitar a mi parte vívida que hiciese lo propio. Permanecí un tiempo indeterminado en esta continua lucha conmigo misma, pero resurgí lenta y dolorosamente de mis cenizas cual ave fénix. Un ave destrozada y llena de cicatrices, que vuela con un gesto torpe pero decidido. Un ave que a pesar de las heridas desea rozar las ansiadas nubes con sus descoloridas plumas”
Y era cierto. Aquella niña de media tristeza se había convertido en una mujer de media felicidad, soñadora de la utopía completa. “Quiero vivir y voy a hacerlo, cueste lo que cueste”, me dijo antes de marcharse dejando atrás el rastro de una luchadora que se había fortalecido a base de los golpes que le profería la vida.
Y así finaliza la historia de la cual se sabe el final, se especula su contenido y se desconoce las razones que llevaron a esta niña a encerrar su dolor dentro de sí misma, robándole las ganas de vivir.
Fábula escrita por mí, la Gioconda de la historia.